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Siete parejas del pueblo han sido reconocidas esta tarde por el consistorio al cumplir en este año 2024 sus bodas de oro.

Un año más y van veintiséis, la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de San Juan del Puerto cumple con la festividad de San Valentín. Y lo hace con una doble propuesta sentimental: de un lado, con el veterano concurso epistolar de cartas de amor donde el Ayuntamiento ha recibido este año un total de 353 misivas llegadas desde todas las partes del mundo, y de otro, con el homenaje a los matrimonios casados en el municipio que alcanzan en 2024 sus 50 años de amor; sus bodas de oro.

En el acto, celebrado en el Centro Sociocultural Jesús Quintero, los concejales Juan Martínez, Victoria Rodríguez y Mariló Camacho, dieron la bienvenida al público asistente, algunos de ellos, concursantes de la convocatoria literaria y otros, la mayoría, familiares de las parejas que iban a ser reconocidas por sus 50 años de amor, cariño y convivencia.

En la primera parte se daba a conocer la carta ganadora del XXVI Concurso de Cartas de Amor “Villa de San Juan del Puerto”. La modalidad local no alcanzó la cifra mínima exigida por las bases, por lo que fueron añadidas al lote de cartas “no local”. Y fue en éste donde la misiva presentada por el jerezano Juan Manuel Sainz Peña titulada ‘La colina vacía’ fue la ganadora para el jurado con los 500 euros de premio que la organización estableció. El concejal de Cultura telefoneó públicamente al ganador recibiendo una ovación por parte de los asistentes. La carta fue leída seguidamente por un voluntario.

Igualmente el Ayuntamiento obsequió con unos pergaminos y ramos de flores a las siete parejas que contrajeron matrimonio en este municipio en el año 1974, viven sus dos miembros, cumpliendo en este 2024 sus bodas de oro. Las parejas homenajeadas han sido: José Carrillo e Isabel Sánchez, Juan Bautista Pérez y Antonia Prieto, Pedro Ballester y Felisa Martín, Manuel Toscano y Antonia Toro, Manuel González y Beatriz Méndez, Diego Vela y Dolores Gómez y José Hipólito Raposo y Dolores Vela.

Carta ganadora

LA COLINA VACÍA (Marí)

Querido Jesús:

Nos ha dejado tu ausencia un silencio feroz. Rotundo. Hay cenizas de tus cigarros flotando en el mar de tu marcha y luto en la noche. Y hay, amor, un mutismo afilado de calladas horas que nos mortifican la intangible piel de la que emergemos.

Queremos recibir de ti, y no llega, esa caricia tímbrica, inasible, que olía a hierbabuena y nicotina. Anhelamos escuchar de nuevo esa palabra hecha soneto o una poesía delicada, un verso que decía más en tus silencios que en la palabra misma.

Nos miramos las unas a las otras, y en este mutismo frecuencial vemos nuestros ojos de lágrimas brillando. Somos, amor, un universo de rodillas postrado, almas en pena por una llaga en el aire abierta. Una herida que no sangra porque calla, porque nos enmudece o nos deja, como mucho, soltar un gemido ahogado, zabullir repentino de esa voz tuya que era amante y era amiga.

Hay, desde tu marcha y hasta la eternidad, un duelo destemplado que huele a perfume impregnado en un pañuelo al cuello. Hay, amor, un vacío que es céfiro helado, puñalada certera al centro del corazón.

Hoy vimos nosotras, las ondas, sombrías flores sobre una piedra blanca, epitafio de quien fue vida y ahora es ceniza bajo la tierra. Claveles rojos; voz derramada por un transistor enmudecido.

Imaginamos, Jesús, la mano que tantas veces posaste sobre el micrófono y que ahora languidece en este silencio que invade taludes y cuarteles como la yedra.

A veces lo miramos y está tan solo como nosotras. Es un cadáver en vida, aquel micro; cuerpo de metal cromado, altavoz de tu voz al mundo. Micrófono que extraña, como nosotras, la pureza de tu voz, tus labios y tu mueca socarrona.

Echa de menos, eso dicen sin hablar, porque su voz calló con la tuya, la ingrávida borrasca que olía a tabaco y pintaba de niebla azulada aquel estudio y aquellas noches. Anhela tu risa, tu reflexión de filósofo antiguo para este mundo cansado, enfermo y mustio.

Hoy al pasar, en un vuelo ingrávido y gentil, como escribió Machado, hemos visto un estudio de radio vacío, una umbría de sierpes secos y asolados pétalos, y un nombre grabado en el jaspe. Vimos un ramo inhumado bajo el cielo ceniza, panteón de nubes, sombra de arboleda dando sepultura a un haz de flores frescas.

Hoy somos ondas negras por el duelo, silencio de templo, locura nuestra en esta colina que está hoy, Jesús, amor, vacía por tu voz callada.”

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