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Con motivo de la festividad de San Valentín, el Ayuntamiento reconoce a todas aquellas parejas del municipio que cumplen este año sus bodas de oro.

En las vísperas del 14 de febrero, el Ayuntamiento de San Juan del Puerto ha dado a conocer esta tarde la carta ganadora del tradicional ya concurso literario, éste año alcanzado la vigésima octava edición, convocado por el consistorio. María Beatriz Gallardo Calmaestra del municipio granadino de Atarfe, con su carta titulada “Manuel de instrucciones para cuando yo no esté (estando)”, ha sido la ganadora. Igualmente, desde el consistorio se ha realizado el habitual homenaje a las parejas sanjuaneras que llegan este año a sus bodas de oro.

El acto, presidido por los concejales José Manuel Raposo, Juan Martínez y Victoria Rodríguez, concluyó con la entrega de pergaminos y detalles florales a las siguientes parejas: Manuel Rodríguez y Mariana Mora; Pedro Garrido y Juana Sánchez; Clemencio Galán y Simona Romero; Alonso Minchón y Josefa Rodríguez; Juan Elías Beltrán y Dolores Llorente; Carmelo Rodríguez y Sebastiana Domínguez; Juan Aquino y Cinta Montes; José Carrillo y Mª del Carmen Mancebo; Francisco Vera e Isabel Herrero; Juan Márquez y Teresa Fernández; Antonio Toscano y Carmen Romero.

La carta de amor ganadora en este certamen, “Manual de instrucciones para cuando yo no esté (estando)”, dice lo siguiente

Clara: El médico ha usado esta mañana palabras muy largas y feas. «Deterioro cognitivo», ha dicho, mientras miraba unos papeles que no entendí. Yo solo podía mirarte a ti, retorciéndote ese anillo de plata en el dedo índice, ese gesto nervioso que haces cuando quieres fumar y te aguantas las ganas. Ahí supe que la cosa iba en serio, porque tú nunca te asustas.

Por eso te escribo esto ahora, mientras todavía sé que el café me gusta sin azúcar y que tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Porque dicen que esto es como una goma de borrar que empieza por los bordes, llevándose los detalles recientes, y avanza hacia el centro. Tengo miedo, flaca. No por mí, que al fin y al cabo viviré en una nebulosa, sino por ti. No quiero que te conviertas en mi enfermera y dejes de ser mi compañera. Así que aquí tienes mis instrucciones, mi última voluntad lúcida para cuando empiece a desdibujarme.

Primero: ten paciencia, pero no demasiada. Si te pregunto cinco veces en una hora dónde he puesto las gafas (que seguramente llevaré puestas), no me mires con esa lástima que me rompe. Ríete. Búrlate un poco de mí. Dime que las vendí para comprar churros. Mantén el humor en casa, porque si se va la risa, entonces sí que nos habrá ganado la enfermedad. Segundo: no intentes explicarme quién eres con álbumes de fotos viejas si me ves perdido. No fuerces la memoria. Si algún día te miro como a una extraña que ha entrado en el salón, no llores delante de mí. O llora, qué carajo, pero no te enfades. Aprovecha. Si soy un extraño, lígate al extraño. Seduce al viejo desmemoriado. Tienes ventaja: sabes exactamente dónde tengo las cosquillas y qué canciones me hacen bailar.

Enamórame otra vez, que yo me dejaré.

Y tercero, y esto es lo más importante: no tengas miedo al olvido. La cabeza es un

archivo traicionero, Clara, pero el cuerpo no. El cuerpo tiene su propia memoria. Aunque se me olvide tu nombre, mis manos conocen de memoria el camino de tu espalda. Aunque no sepa qué día es, mi piel se erizará cuando me toques el cuello. Eso no se borra. El amor no es un dato que se guarda en el cerebro; es un instinto que se queda en los huesos. No te preocupes si olvido quién eres tú. Lo importante es que, cuando estés a mi lado, mi corazón sabrá quién soy yo.

Te quiere (mientras me acuerde, y después también),

Fdo. Suricato.

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